466. Cuando el deseo deja de ser resguardo.
El día no se anuncia con urgencia ni con presagios visibles, y sin embargo todo en mí sabe que ha comenzado una fase distinta, una en la que ya no es posible atribuir el temblor a fuerzas externas ni al eco persistente de quienes buscan en mí una salida que no se atreven a construir, porque lo que se desplaza ahora ocurre en un plano más silencioso y más radical, allí donde cada decisión deja de protegerme y empieza a exponerme sin intermediarios.
La calma que se instala después del último encu