415. La promesa que tiembla antes del nombre.
No empiezo este recuerdo desde la herida ni desde la amenaza, porque lo primero que siento es algo más peligroso que el miedo: una claridad suave, casi indulgente, que se instala en mí como si el poder recién despertado hubiera decidido, por una vez, no empujar sino escuchar, y en ese silencio interior comprendo que el verdadero combate que se aproxima no será contra los Selladores ni contra las sombras que se reorganizan en los márgenes del reino, sino contra la tentación de adelantarme a lo q