393. La herida que aprende a nombrarse.
No todo despertar llega como una llamarada; algunos lo hacen como una herida que deja de sangrar para empezar a hablar, y eso es lo que siento ahora, una fisura interior que ya no supura miedo sino sentido, como si cada fragmento de mí, incluso los que quise negar durante siglos, se acomodara por fin en una forma que no necesita permiso para existir.
Avanzo con esa certeza latiendo bajo la piel, y aunque el combate aún no ha terminado, aunque los Selladores siguen allí, reorganizándose con la t