392. Cuando el sacrificio aprende a desear.
No es miedo lo que siento cuando el recuerdo termina de acomodarse en su sitio, porque el miedo siempre mira hacia adelante, y lo que ahora me habita mira hacia atrás con una lucidez que duele, una comprensión tardía de aquello que entregué creyendo que el desapego era una forma de virtud y no una mutilación cuidadosamente disfrazada de destino aceptado.
Camino, o creo hacerlo, aunque el movimiento ya no responde del todo a mis músculos sino a una voluntad más profunda que empuja desde dentro,