599. Esa certeza me enciende por dentro.
La columna azul vibra en el bosque como una herida abierta.
La veo desde la muralla, con el pulso todavía desacompasado por lo que acabo de compartir con Kael. Mi piel conserva su calor. Mi boca aún recuerda su nombre.
Pero el aire ha cambiado.
Algo respira más allá de las antorchas del Consejo.
Y no es humano.
Bajo las escaleras sin esperar órdenes. Kael me sigue. Siempre me sigue cuando percibe que voy a lanzarme al vacío.
—Névara —advierte—. Podría ser una provocación.
—Lo es —respondo—. Per