597. ¿Por qué tú?
La noche cae como un telón pesado, denso, cargado de presagios.
El humo todavía flota sobre las ruinas del ala oeste. El traidor está muerto. Su sangre sigue fresca sobre las losas de mármol y el olor metálico no se disipa aunque el viento sopla desde el mar. Nadie habla de él. Nadie pronuncia su nombre. Pero todos sentimos el vacío que dejó.
Yo lo siento distinto.
Porque fui yo quien lo miró a los ojos cuando entendí que nos había vendido.
Estamos en la sala alta del torreón. Las antorchas pro