380. Cuando el deseo aprende a obedecer.
Empieza con una resistencia que no conocía, no contra el enemigo ni contra el miedo, sino contra la tentación de dejarme arrastrar por aquello que me reclama desde dentro con una voz que ya no es ajena, una voz que ha aprendido mi nombre y lo pronuncia sin sonido, presionando justo donde el pensamiento se vuelve carne, y avanzo con esa presión ardiéndome bajo la piel mientras el eco del combate reciente se disuelve en algo más peligroso: la calma que precede a la elección.
No me siento victorio