379. La promesa que quema bajo la piel.
No empieza con un grito ni con una explosión, sino con una certeza lenta y pesada que se asienta en mi pecho como una segunda respiración, una que no me pertenece del todo y que, aun así, reconoce mi ritmo, mis dudas, mis deseos más ocultos, recordándome que nada de lo que acaba de despertar volverá a dormirse sin exigir algo a cambio. Camino unos pasos lejos de Aeshkar, no porque quiera alejarme, sino porque necesito comprobar que el mundo sigue existiendo cuando no lo toco, cuando no siento e