381. La herida que aprende a nombrarse.
Empieza con una inquietud que no sé ubicar del todo, una vibración persistente que no nace del poder ni del deseo, sino de algo más difícil de aceptar: la certeza de que lo que soy ya no puede volver a encajar en las palabras con las que me definía antes, y avanzo con esa conciencia latiendo bajo cada pensamiento, obligándome a mirar hacia dentro incluso cuando todo a mi alrededor exige atención, porque hay silencios que pesan más que una amenaza abierta y este es uno de ellos.
No estoy en calm