337. Cuando la noche intenta arrancármelo.
Los Selladores se preparan para atacar.
Yo también.
Aunque lo que realmente late dentro de mí no es solo el impulso de luchar… sino el miedo, o quizá la certeza, de que este vínculo entre nosotros ya existía mucho antes de que el sello se rompiera.
Y ahora que la memoria comienza a despertar, no sé si tengo suficiente fuerza para detener lo que viene.
El instante en que mi memoria comienza a abrirse, como una flor que esperaba desde siglos una chispa para expandir sus pétalos ardientes, es el mismo instante en que los Selladores perciben mi distracción; no tengo siquiera tiempo para comprender por qué mi respiración se vuelve tan superficial o por qué mi cuerpo reacciona como si su cercanía —la de Aeshkar— despertara una verdad imposible de silenciar, porque el mundo donde debería sentirme a salvo se detiene bruscamente, justo antes de que una oleada de energía se precipite hacia mí con la violencia calculada de quienes conocen bien la naturaleza del enemigo que enfrentan y que, sin d