282. ¿Qué estás haciendo, Névara?
El palacio respira distinto cuando se prepara para el engaño. Hay un pulso que recorre los pasillos como si las paredes tuvieran arterias, como si las columnas —esas que alguna vez sostuvieron imperios— supieran que esta noche su belleza servirá a un propósito más oscuro. Miro las lámparas encendidas, el resplandor dorado que se derrama sobre los tapices, el temblor del incienso que flota como un presagio. En cada detalle hay una intención, una caricia o una herida; todo ha sido dispuesto para