283. El eco de las traiciones.
El amanecer llega como una grieta pálida sobre los vitrales del palacio, filtrando un resplandor que no calienta, que apenas roza la piel como un recuerdo incierto. Camino sola por el corredor vacío, mis pasos suenan amortiguados contra las losas, y cada sombra parece tener oídos. Hay un silencio que no pertenece al descanso, sino a la espera. Todos escuchan algo detrás de las paredes, un rumor, una respiración, una traición que todavía no se atreve a pronunciar su nombre.
El aire huele a vino