278. El sabor de la marca.
Hay algo distinto en mi piel desde aquella noche.
Lo siento en la forma en que el aire se desliza sobre mis hombros, en el temblor que me recorre cuando el amanecer toca el mármol del balcón. Es como si cada partícula de luz tuviera filo y rozara mi cuerpo con una conciencia que no es mía. Desde el beso del forastero, mis sentidos se han vuelto un campo minado: cualquier roce, cualquier mirada, es suficiente para incendiarme.
Me despierto con el sabor metálico aún en los labios. No sé si fue un