277. El beso del desconocido.
La noche después de una traición tiene un peso distinto.
No es sólo el silencio lo que cambia, sino el aire mismo, más denso, más atento, como si el palacio retuviera la respiración.
El cuerpo aún recuerda —la tensión del enfrentamiento, el filo de la decisión, la muerte en un suspiro—, pero el alma… el alma no olvida tan rápido.
Camino por los corredores del ala este, donde las antorchas chispean con un sonido que parece morder el aire. El mármol refleja mi paso desnudo, y la seda de mi túnica