267. Nada.
Hay una electricidad en el aire que no proviene de las velas, sino de las miradas. Cada noble sentado alrededor de la mesa parece estar hecho de sombra y sospecha, como si la misma noche hubiera tomado forma humana y se hubiera vestido con seda y poder. Yo los observo a todos, con una sonrisa tan suave que apenas se sostiene en mis labios, mientras el vino oscuro refleja la oscilación de la llama y el temblor contenido de mi propia paciencia.
El consejo secreto debía ser discreto, pero el miedo