268. Te marcaron.

El silencio pesa sobre las columnas del salón como un manto húmedo, denso, casi palpable. El atentado ocurrió hace apenas unas horas, y todavía el eco del caos vibra en los corredores: los pasos apresurados, las órdenes susurradas, el metal arrastrándose sobre el mármol. Pero ahora solo quedamos él y yo.

El emisario descansa sobre la cama, el pecho descubierto, la piel pálida interrumpida por una mancha oscura que se extiende desde el hombro hasta la clavícula. La herida no es mortal, pero sí c
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