246. El precio del placer.
Hay hombres que creen que todo puede comprarse, que el poder se mide en monedas, en ejércitos o en territorios, y aunque yo he visto suficientes tronos derrumbarse como para saber que esas cosas pesan menos de lo que parecen, también he aprendido que la codicia de los hombres nunca descansa, que siempre habrá alguien que exija un precio, alguien que quiera recordar que la fidelidad no es un derecho, sino un favor.
Él entra en mi cámara sin anunciarse, como si el palacio entero le perteneciera,