247. Shhh, no hables.
El silencio de la noche siempre ha sido mi aliado, ese manto de complicidad que cubre cada suspiro y cada jadeo, que envuelve con suavidad los secretos que mi cuerpo arranca en la oscuridad, pero esta vez hay algo distinto, una vibración en el aire que no me pertenece, una respiración que no nace de mí ni del hombre que tiembla entre mis brazos, y lo percibo como un roce helado en la piel que me advierte que no estoy sola, que alguien más comparte la intimidad que yo creía inviolable.
El emisar