245. Espías y amantes.
La noche se abre ante mí como un tapiz de sombras bordado con hilos de oro por las lámparas que cuelgan del techo, y mientras el murmullo de la corte se desvanece en los corredores lejanos, sé que las verdaderas conspiraciones no ocurren en los salones llenos de testigos, sino aquí, en la intimidad donde la piel se vuelve juramento y el susurro reemplaza al decreto.
He descubierto que dos de los hombres que dicen estar a mi servicio llevan meses ofreciendo sus oídos a otro amo, y en vez de grit