224. Los labios de la promesa.
La noche se derrama como vino oscuro sobre los corredores, y yo me deslizo en silencio hacia la sala olvidada donde él me espera, ese rincón del palacio que nadie pisa porque las paredes guardan ecos de intrigas pasadas, pero que para nosotros se ha vuelto santuario, espacio robado a las miradas, donde puedo ser más que la máscara que visto ante todos y él puede dejar de ser la sombra obediente que se esconde detrás de las órdenes de su facción. Camino con la respiración contenida, como si cada