147. Entre las llamas y la pie. (Segunda parte)
El palacio se derrumba a mi alrededor, las llamas lamen las paredes como lenguas hambrientas, y sin embargo la verdadera amenaza está frente a mí. Él se quita la máscara lentamente, como si desnudarse en medio del infierno fuera un ritual íntimo reservado sólo para mis ojos. Bajo ella, su rostro es hermoso y cruel a la vez: labios trazados para la mentira, mirada hecha para someter.
—Así que eres tú —digo con la voz rota, pero firme.
—Siempre fui yo, Névara. Cada beso que recibiste, cada mano