148. El precio del fuego.
El humo me arde en la garganta, pero sigo respirando como si inhalar cenizas me mantuviera con vida, como si el incendio que devora los muros a mi alrededor fuera un espejo de lo que me consume por dentro. Mis pasos tropiezan entre escombros y telas chamuscadas, y aun así avanzo, con el vestido roto pegándose a mi piel húmeda de sudor y sangre. Pienso que quizá este es mi fin, que el fuego terminará devorándome a mí también, cuando de pronto lo veo: la silueta firme de mi amante leal, cubierto