12. El jardín donde no duele.
El aire aquí tiene otro peso, otro sabor, una temperatura que no se parece a nada que haya respirado en días, quizá en meses. No es la humedad pegajosa que se aferra a las paredes de piedra bajo tierra, no es ese olor agrio de encierro y sudor acumulado que se filtra incluso en los huesos, ni el silencio opresivo que amplifica el eco de un grito ahogado. Aquí, en este rincón secreto que parece suspendido fuera del tiempo, el cielo apenas se asoma entre enredaderas antiguas, gruesas como brazos,