14. El jardín donde no duele.
El aire sabe distinto en esta parte de la aldea; no es el encierro húmedo de las celdas subterráneas, donde cada respiro arrastra polvo viejo y el sabor metálico del miedo, no es el sudor que se agarra a la piedra ni el eco frío del dolor que se repite una y otra vez contra las paredes, devolviendo siempre la misma respuesta muda; aquí arriba, bajo un cielo que apenas se adivina entre enredaderas antiguas y copas retorcidas de árboles que parecen haber visto siglos, el aire tiene otro peso, más