108. Pacto de cuerpos y sombras.
El eco del ataque todavía vibra en las paredes derrumbadas, como si la piedra misma recordara los gritos y la sangre que anoche se derramaron sobre este suelo profanado; cierro los ojos y siento la humedad metálica en el aire, me recorre la lengua como un juramento amargo y sé que nada volverá a ser lo mismo. No quiero admitirlo en voz alta, no quiero ceder ante el desgarro que me habita, pero la realidad se impone con una crueldad que no sabe de pausas: para mantenerme en pie, para que el peso