Cap. 69 No dejes que eso se sepa
Alba se despertó con un suave rayo de sol acariciando su rostro. Por un segundo, hubo paz. Hasta que el murmullo lejano de voces alteradas y el zumbido insistente de varios teléfonos la sacaron por completo de su letargo.
Antes de que pudiera salir de la habitación, la puerta se abrió de par en par. Isabella irrumpió, pero no con su habitual compostura.
Su rostro, pálido y con los labios apretados en una línea delgada, estaba marcado por una mezcla de furia y preocupación. Sostenía su teléfono