Cap. 2 Tomó las escaleras de emergencia
Lucius estaba allí, su rostro, una máscara impenetrable, pero sus puños, apretados a los lados, delataban una tensión feroz. Y a su lado, Celeste, cuya mirada ya no era de burla o falsa preocupación. Era odio. Puro, cristalino y letal.Solo había una sospecha glacial, una herida en su orgullo de hombre que sangraba veneno.Y entonces, lo dijo. Las palabras que atravesaron lo último que le quedaba de esperanza, más frías y cortantes que cualquier cuchillo:—¿De quién es el hijo?El silencio en la habitación se volvió absoluto. Para Alba, el mundo entero se redujo a esa pregunta, a la acusación que contenía. No era una nueva vida. Era una prueba más de su supuesta traición. Y supo, en ese instante, que no había vuelta atrás.Ese niño era su esperanza, su pasaje de salida de aquella pesadilla. Finalmente, reunió el valor para escapar. Su plan era huir, criar a su hijo lejos de toda aquella locura.Pero la fuga terminó en tragedia. Lo que debería haber sido su liberación se convirtió en u
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