Cap. 54 ¿Confiar en ti?
El rugido del motor de lujo era apenas un zumbido, un sonido opaco ahogado por el silencio ensordecedor que llenaba la cabina. Era un vacío pesado, cargado de todo lo que no se decía, de todo lo que ya no podía decirse.
Alba miraba fijamente por la ventana, su perfil era una estatua de indiferencia tallada contra el paisaje urbano que se desdibujaba a toda velocidad.
Yo, en cambio, trataba de mantener las manos firmes sobre el volante, de proyectar una calma que estaba a años luz de mi interio