Cap. 39 ¡Claro que no!
Al día siguiente, Hugo y Lena Marín regresaron a su casa con un cansancio que era, por fin, tranquilo. El peso de años de mentira y dolor parecía un poco más ligero. Ahora tenían acceso libre a su hija y a su nieta. Podían ser, de nuevo, familia.
Pero la calma fue efímera. Al cruzar el umbral, se encontraron con un espectáculo que les heló la sangre. Celeste, sentada en el sofá del living, estaba hecha un mar de lágrimas. O, más precisamente, había montado una meticulosa obra de teatro donde el