Cap. 133 La Sra. Alba Marin de Ottum
Lena lloraba en la cocina, su carta manchada de lágrimas. Eran disculpas directas y desgarradoras "por hacer sufrir a Alba, por no cuidarla como había prometido." Lucius no se excusaba; asumía toda la culpa.
Le agradecía por haber sido el refugio de su hija cuando él no pudo serlo, y le encomendaba, con humildad, que siguiera siéndolo. Lena sintió que el rencor que le guardaba se deshacía, reemplazado por una pena inmensa por el joven orgulloso que había terminado tan destrozado.
Hugo, en el garaje junto al auto que no llegaron a usar, leyó su mensaje breve pero contundente. Lucius le pedía, hombre a hombre, que "cuide de la familia ahora que él va a estar ausente." No era una orden; era un ruego de un soldado que abandona su puesto a otro en quien confía. Hugo, el hombre de acción, asintió en la penumbra, su puño apretándose. Era una misión que aceptaba sin dudar.
Pero con los niños… ahí no hubo cartas dejadas para que otros las leyeran. Solo él había tenido sus despedidas. El ritua