Cap. 134 No es una traición
Las siguientes 72 horas fueron un desastre absoluto, un limbo de agonía. Alicia preguntaba por su padre cada hora, su sonrisa desapareciendo a medida que la ausencia se hacía eterna.
Los bebés, Luna y Sebastián, se inquietaban en los horarios en que esperaban el arrullo conocido de Lucius, el que los calmaba como nadie más podía. La casa resonaba con un silencio cargado de sus fantasmas.
Alba exigía respuestas, movilizando a todos los contactos, legales e ilegales. Luther se hacía el que busca