Cap. 132 Mi Alba
Alba tomó la nota con manos tan temblorosas que el papel crujió como una hoja seca. La desdobló. La letra era pulcra, la de Lucius en su modo más controlado, aunque aquí y allá, en un trazo más grueso o una línea ligeramente torcida, se veían los temblores del hombre que la había escrito, las fisuras en su fachada de calma.
Sus ojos recorrieron las palabras, y cada una fue un golpe directo al alma:
"Mi Alba,
Sí, mía. Y ahora, que estás en peligro nuevamente, es momento de que te proteja como debí hacerlo desde el principio.
Hace tres años, no pude hacerlo. Tuviste que huir. Tuviste que incluso fingir estar muerta, y no pude ayudarte. La razón: yo era el peligro. Yo era quien te lastimaba.
Pero debo decirte algo: yo te amo. Te amé y te voy a amar. Mis errores fueron consecuencia de mi falta de carácter, de mi orgullo y, principalmente, de mi lealtad a gente equivocada.
Cuando supe de tu 'muerte', todo parecía un sueño, una nebulosa. Tres años de una vida vacía, con gente hablando a mi