Cap. 128 ¡Mis bebés!
Alba, sentada en el sofá observando la escena, asintió con una sonrisa suave. Era extraño verlo así, deliberando sobre colores de ropa de bebé.
—El rosa para Luna —dijo, su voz calmada.
—Los patitos están bien para Sebastián. Combina.
—Bueno —continuó Lucius, ahora examinando un diminuto vestidito colgado de una percha—, el vestido de Alicia es el celeste con tutú. Ese le gusta más. La pediatra dijo que puede estar fuera de la habitación unos minutos para las fotos. —Hizo una pausa, calculando.
—Las fotos van a ser en una hora. Los visto a último momento, si no, todo va a quedar un desastre… —murmuraba, más para sí mismo que para ella, mientras acomodaba la ropita con una delicadeza que contrastaba con sus manos grandes.
Alba asintió de nuevo, sonriendo. Era una escena perfecta. Una calma armoniosa. Pero no era la calma íntima de una pareja que se reconecta después de la tormenta. No había miradas cargadas de promesas, ni manos que se buscaran, ni secretos compartidos en sonrisas cóm