El fotógrafo, con el ojo entrenado para capturar la esencia, vio la magia formarse ante su lente y aprovechó para sacar una fotografía más. Pero esta fue espontánea, surgida del corazón mismo de la familia.
Lucius, tras la foto grupal, había tomado a Sebastián en el brazo ya casi recuperado, y con el otro, ahora mucho más fuerte, a Luna. Era alto y fornido, y podía sostener a ambos con una naturalidad que hablaba de práctica y devoción. Alicia, viendo a su padre cargado con sus hermanos, se ace