Habían pasado días interminables desde la última vez que lo vi. Días de espera, de silencio, de preguntas sin respuesta. Finalmente, había tomado la decisión de ir a buscarlo, convencida de que un encuentro cara a cara podía resolver lo que los mensajes nunca lograrían.
Cuando el coche se detuvo frente a la residencia de su familia, la imponente fachada blanca me pareció aún más fría que de costumbre. Los ventanales altos, el hierro forjado de los balcones, la perfección del jardín, todo estaba