Mundo de ficçãoIniciar sessãoDespués de aquella bella ceremonia, nos fuimos a nuestra luna de miel.
Al llegar, Alejandro estaba detrás de mí, con los brazos rodeándome la cintura, y su respiración tibia rozaba mi cuello.—No puedo creer que esto sea real —susurré.—Yo tampoco —respondió con una sonrisa contra mi piel—. Pero lo es. Todo lo que soñamos, aquí está.La brisa salada me despeinaba el cabello, y por primera vez en mucho tiempo no me importó. Estaba viva. Ligera.Nos quedamos un buen rato mir






