Aimunan
Por fin en casa. No hay nada como el aroma del propio hogar para silenciar, aunque sea por un momento, el caos del mundo exterior. Trina, siempre atenta a pesar de sus compromisos con Jun, me había dejado la casa impecable y un oso de peluche con una nota de bienvenida. Es una ternura, mi ancla en la realidad.
Pasé la tarde puliendo los informes de la selva, pero al dar las seis, mi mente cambió de sintonía. Me solté la coleta frente al espejo y dejé que mi cabello negro cayera en cas