Alexander Lee
Tenerla conmigo, por fin, es una victoria táctica que me acelera el pulso. Mientras iba a recogerla, no dejaba de especular sobre su respuesta, pero verla aparecer con ese atuendo sencillo me descolocó. Cualquier otra mujer se habría esforzado en una exuberancia calculada para asegurar mi atención; ella, en cambio, eligió un maquillaje ligero que solo enfatizaba la intensidad de su mirada. Me estremeció. En el auto, su fragancia a lirios recién cortados era un oasis de primavera e