Narrador omnisciente
Mientras el silencio reinaba en las habitaciones superiores, en las entrañas de la villa el búnker era un hervidero de actividad silenciosa. Expertos en energía y gemología estudiaban la pulsera de Aimunan, que bajo los escáneres parecía ser una anomalía física: dos fuerzas distintas contenidas en un solo objeto. El abuelo de Alexander, que había visto el rastro de dolor dejado por ese diamante en su propio padre, en su hermano y en su primogénito, tenía una resolución de hierro. No quería el poder; quería la libertad. Estaba decidido a devolver el diamante a la tierra para detener la hemorragia de su linaje.
Sin embargo, en el corazón de su segundo hijo, Dongming, la avaricia había echado raíces profundas. Al ver la pureza de las gemas rojas, su mente de estratega descartó la redención familiar. No le importaba si Alexander engendraba o no; lo que veía era una fuente de energía y riqueza incalculable.
Dongming observaba a su hijo con una envidia corrosiva.