Aimunan
De pronto me di cuenta de que había hablado en voz alta. Él se quedó mirándome y yo cerré los ojos, sintiéndome expuesta.
—No creo haberte contado del problema de mi primo, ¿o sí?—dijo él. Claramente se había dado cuenta.
—Pero Quién te dijo...—Su voz se volvió fría, y me di cuenta de que seguramente estaba pensando en mi hermano.
—En Ulsan...cuando fuimos a cenar, me di cuenta de su condición—respondí con calma. Su mirada seguía fría. Intenté levantarme, pero él me presionó