Alexander Lee
El ambiente en el departamento de Munan se sentía como un oasis fuera del tiempo. Las velas consumiéndose y ella, envuelta en ese vestido blanco, proyectaban una imagen etérea que me hacía dudar de si seguíamos en el plano terrenal. El deseo, contenido durante días de amnesia y dolor, empezó a florecer con una fuerza que me costaba ignorar.
—Hace mucho calor —dijo ella, levantándose para encender el aire acondicionado y rompiendo el hechizo.
—¿Me dejarás así? —pregunté, mi voz