Aimunan
Esta mañana me desperté con el corazón ligero, con ganas de que el aroma a café y tostadas borrara el rastro de la tragedia de ayer. Mientras cocinaba, Trina me llamó. Estaba en ese estado de melancolía que solo un viernes de karaoke puede curar. Nosotros solíamos ser las reinas del despecho en Caracas; cantábamos como si nos hubieran roto el corazón mil veces, aunque nuestra realidad sentimental fuera un "arroz con mango" que nadie, ni nosotros mismas, lograba entender.
—Solo una, ne