El beso se profundizó, devorando el aire y la razón, transformando la tensión acumulada de semanas en algo ardiente, necesario e inevitable.
Stefan levantó a Luciana en sus brazos sin romper el contacto de sus labios. Ella envolvió sus piernas alrededor de su cintura, los documentos de Thompson Corp y las laptops quedando olvidados sobre la mesa del comedor.
—Tu habitación —murmuró Stefan contra su boca, su voz ronca de urgencia—. Ahora.
Luciana sintió el impulso de obedecer… y, al mismo tiemp