El Tesla plateado cruzó el puente de Brooklyn bajo un cielo gris plomo. Dentro, el silencio no era de concentración, como Ethan quería creer, sino de distancia. Una distancia física y emocional que crecía con cada kilómetro que los acercaba a la realidad.
Luciana iba a su lado, revisando correos en su tablet. No estaba coordinando una ofensiva corporativa; estaba buscando desesperadamente una forma de blindar a Ethan, y la culpa le pesaba en los hombros más que el abrigo de lana.
—Jerome nos e