La mesa del comedor de la mansión Sterling parecía un campo de batalla después de un bombardeo.
Documentos esparcidos, laptops abiertas zumbando con el calor del procesamiento, tazas de café vacías acumulándose como cadáveres. Y en el centro de todo, Luciana Sterling, con los ojos ardiendo de cansancio pero la mandíbula apretada con una determinación absoluta.
Había cambiado su vestido arruinado por unos jeans y un suéter gris de cachemira. Con el cabello recogido en un moño desprolijo, parecí