El silencio que siguió fue absoluto, denso y devastador, un vacío asfixiante que parecía consumir el aire del vestíbulo.
Luciana vio el momento exacto en que la comprensión golpeó a Ethan. Sus ojos celestes, antes llenos de una preocupación heroica, se movieron de Stefan a Luciana. Se detuvieron en la toalla blanca, en el cabello aún goteando de Stefan y, finalmente, se clavaron con horror en las marcas rojas. Su cerebro procesaba la escena, armando las piezas de un rompecabezas grotesco que se