La Biblioteca Butler de Columbia olía a papel antiguo y ansiedad académica, pero esa mañana, para Luciana, olía a despedida.Encontró a Ethan en una mesa del fondo, rodeado de torres de libros de Derecho Constitucional. Se veía más pequeño, consumido por una noche sin sueño: hombros hundidos, corbata aflojada, la mirada clavada en un párrafo que no estaba leyendo.—Ethan —susurró ella, con el miedo atascado en la garganta.Él levantó la vista. No hubo sonrisa ni ese brillo cálido de siempre. Solo cansancio. Uno real, físico, de alguien que peleó contra una marea imposible… y perdió.—Siéntate, Luciana.No “Lu”. No “amor”. Luciana. Como una sentencia.Ella se sentó, apretándose las manos para que no temblaran.—Es mentira —dijo rápido—. Todo lo que dicen… Yo no sabía nada del compromiso. Mi abuelo…—Te creo —la interrumpió Ethan. La voz suave, densa—. Te conozco. Sé que no planeaste esto.Luciana soltó aire, aferrándose a esa rendija de esperanza.—Entonces podemos arreglarlo. Hablar co
Leer más