El viento helado de diciembre soplaba entre las columnas de piedra de la biblioteca, pero Lilly no sentía frío. Sentía una especie de electricidad estática recorriendo su cuerpo, una mezcla de terror y euforia que la mareaba.
Freddy seguía sosteniendo su mano. No la había soltado ni un segundo después del beso. Sus dedos estaban entrelazados con una firmeza que decía más que cualquier promesa verbal.
—Entonces... ¿esto es real? —preguntó Freddy, mirándola con intensidad.
—Es real... pero va a ser un desastre, Freddy. El grupo... Chloe...
—Al diablo el grupo, Lilly. La amistad se rompió el día que decidieron atacar a Luciana y a Ethan. Nosotros somos lo único real que queda en medio de este naufragio.
Lilly asintió. Sabía que tenía razón. La toxicidad de las últimas semanas, los chismes, la crueldad de Robbie y Mia... todo eso los había asfixiado.
—Tengo clase en diez minutos.
—Te veo a la salida —prometió Freddy. Se inclinó y le dio un beso—. Ve. Antes de que me arrepienta y te secue