El viento helado de diciembre soplaba entre las columnas de piedra de la biblioteca, pero Lilly no sentía frío. Sentía una especie de electricidad estática recorriendo su cuerpo, una mezcla de terror y euforia que la mareaba.
Freddy seguía sosteniendo su mano. No la había soltado ni un segundo después del beso. Sus dedos estaban entrelazados con una firmeza que decía más que cualquier promesa verbal.
—Entonces... ¿esto es real? —preguntó Freddy, mirándola con intensidad.
—Es real... pero va a s