El ruido de la cafetería de la Universidad de Columbia era un zumbido constante de conversaciones cruzadas, risas y el sonido de cubiertos golpeando platos. Ethan caminaba hacia la salida con la mochila al hombro, su mente ya en la oficina de Sterling Maritime, pensando en la estrategia para el lunes.
—¡Ethan, espera!
La voz de Robbie sonó detrás de él.
Ethan no se detuvo, pero aminoró el paso. Suspiró, sintiendo el cansancio, no quería más drama. Quería estar en su apartamento, con Luciana, en esa burbuja de paz que habían creado entre cajas de comida rápida y sábanas revueltas.
Robbie se interpuso en su camino, bloqueándole el paso con una sonrisa tensa.
—Hermano, tenemos que hablar. Lo de la otra noche... se nos fue de las manos. Estábamos borrachos. Mia estaba sensible. No quisimos invadir tu espacio.
Ethan lo miró. Vio a la persona que había sido su mejor amigo durante años. Vio el miedo en los ojos de Robbie a perder el control del grupo, a perder a su "seguidor" más leal.
—No s