Mary Harrington no se sorprendió.
Eso fue lo primero que Ethan notó cuando la puerta de la cocina se abrió y ella lo vio en el umbral con el abrigo todavía puesto y el frío de Chelsea aún prendido en los hombros.
No se sorprendió porque Mary llevaba años en esa mansión y había aprendido que las cosas que parecen imprevistas casi nunca lo son. Que las personas que terminan en un lugar determinado a una hora determinada casi siempre han estado moviéndose hacia ese lugar mucho antes de darse cuent